Ese encuentro con alguien que solo conoces de vista e intentas evitar cruzar las miradas.
Oponerse a ello, huir del olvido estéril, forzar el reconocimiento mutuo. Nos conocemos y lo sabes. Querer que le moleste al encontrado. Ir más allá, entablar conversación, forzar todo mucho. Invitarle a cenar a casa, presionarle para que entre en tu vida, pedirle que visite por ti a tu abuela en la residencia.
Ese no entender nada, esa desubicación del otro, es la pieza mínima del absurdo. Ese "¿Por qué?" que no hace falta cuestionar, es lo que trasciende y flota.
lunes, 27 de octubre de 2014
El reencuentro
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